Mauro Mina Baylón es, sin lugar a dudas, el más grande exponente del boxeo peruano en toda su historia. Nacido en Chincha el 22 de noviembre de 1933, este extraordinario pugilista logró posicionarse entre los mejores del mundo en una época en la que los boxeadores latinoamericanos luchaban por hacerse un nombre en un deporte dominado por potencias como Estados Unidos, México y algunos países europeos. A lo largo de su carrera, Mina dejó una huella imborrable no solo por su habilidad en el cuadrilátero, sino también por su carisma, humildad y representatividad nacional.
Orígenes humildes y primeros pasos
Mauro Mina creció en una familia humilde en Chincha, en la costa sur del Perú. Desde muy joven mostró inclinación por los deportes de contacto y, con apenas 18 años, debutó en el boxeo amateur. Su fuerza natural, su excelente condición física y su disciplina lo convirtieron rápidamente en una figura destacada dentro del circuito nacional. Pronto pasó al profesionalismo, comenzando una carrera que lo llevaría a pelear en los más importantes escenarios de América Latina y Estados Unidos.
Un estilo técnico, potente y respetado
Mina era un boxeador completo. Aunque su pegada era poderosa, lo que más destacaba en él era su técnica depurada, su inteligencia en el ring y su capacidad para anticipar los movimientos del rival. Peleaba en la categoría de peso semipesado (light heavyweight), y durante buena parte de los años 60 fue considerado el número uno del ranking mundial en su división por el Consejo Mundial de Boxeo (WBC), aunque nunca llegó a disputar un título mundial oficialmente.
Esta ausencia de una pelea por el título no fue por falta de mérito. En 1964, cuando estaba en la cúspide de su carrera y todo parecía indicar que enfrentaría al campeón mundial Bob Foster, una lesión ocular crónica impidió que se concretara el combate. Esta lesión, producto del desgaste acumulado en años de combate, fue el mayor obstáculo en su camino hacia la gloria total.
Triunfos destacados a nivel internacional
Uno de los combates más recordados de Mauro Mina fue contra el estadounidense Eddie Cotton, a quien venció en Lima ante un Estadio Nacional repleto en 1963. Cotton era uno de los mejores boxeadores del mundo en ese momento, y esa victoria catapultó a Mina al primer lugar en los rankings mundiales.
Otro triunfo importante fue su victoria contra Henry Hank en 1961, otro contendiente de peso que ya había enfrentado a rivales como Sugar Ray Robinson. Estas victorias consolidaron su reputación como un contendiente de élite a nivel mundial.
Un ídolo popular
Mauro Mina no solo era admirado por su desempeño deportivo, sino también por su conexión con el pueblo. Fue un símbolo de lucha para los sectores populares del Perú. Su humildad, su origen afroperuano y su actitud de respeto dentro y fuera del ring lo convirtieron en una figura cercana. En una época donde los ídolos deportivos escaseaban en el país, Mina se convirtió en un emblema nacional.
En Lima y en su natal Chincha, las noches de pelea de Mina eran auténticos eventos sociales. Las radios narraban los combates en vivo, y muchas veces se instalaban parlantes en las plazas para que la gente pudiera seguir las peleas. En los pocos casos en que las veladas eran transmitidas por televisión —algo inusual en los años 60—, las familias se reunían alrededor del televisor en blanco y negro para ver a su ídolo.
Su último combate: el adiós de un guerrero
El último combate profesional de Mauro Mina tuvo lugar el 2 de mayo de 1965, en el Estadio Nacional de Lima, frente al argentino Humberto Loayza. En esa pelea, Mina demostró que aún tenía fuerza y técnica, venciendo por decisión unánime. A pesar de esta victoria, la situación con su ojo derecho —donde tenía una lesión en la retina— empeoraba. Los médicos le recomendaron retirarse para no arriesgar su salud de manera irreversible.
Aunque nunca fue noqueado en su carrera, y se retiró como un campeón moral, esta última pelea fue también un momento de nostalgia nacional. La televisora que transmitió el combate fue Panamericana Televisión, uno de los pocos canales peruanos que en aquella época apostaba por cubrir el boxeo en vivo. La transmisión fue un evento sin precedentes: se estima que más de medio millón de personas siguieron el combate por televisión o radio.
Balance de carrera
Mauro Mina terminó su carrera con un récord profesional de:
Nunca fue noqueado, lo que habla no solo de su fortaleza física, sino también de su capacidad estratégica para evitar castigos innecesarios.
Legado y reconocimiento
Después de su retiro, Mina continuó vinculado al deporte, apoyando a jóvenes talentos y participando como comentarista ocasional. Sin embargo, su figura fue quedando relegada con el paso del tiempo. Recién en las últimas décadas, con el resurgimiento del boxeo peruano y el reconocimiento de su legado histórico, su nombre ha vuelto a ocupar el lugar que merece.
Hoy en día, existen gimnasios, torneos y escuelas de boxeo que llevan su nombre. Su ciudad natal, Chincha, le rinde homenaje anualmente con eventos deportivos y culturales.
Mauro Mina falleció el 1 de junio de 1993, a los 59 años, pero su recuerdo sigue vivo entre los amantes del deporte.
Para muchos, Mauro Mina no solo fue un boxeador, sino un símbolo de resistencia. Enfrentó no solo a los mejores del mundo, sino también a la discriminación, la falta de oportunidades y las limitaciones de un país que no siempre estuvo preparado para sostener a sus grandes talentos. En ese sentido, su legado trasciende el deporte: representa la lucha constante del peruano por superar la adversidad.
Mina no necesitó un título mundial para ser considerado un campeón. Su historia inspira a generaciones de jóvenes que sueñan con llegar lejos en el deporte, y su nombre sigue resonando en los gimnasios y clubes donde el boxeo sigue vivo, en buena parte gracias a lo que él sembró.